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Toxoplasma, el parásito que puede llegar al feto

Gato

Toxoplasma, el parásito que puede llegar al feto

El enemigo número uno que tienen las embarazadas que conviven con un gato es la toxoplasmosis. Durante los meses de gestación, han de manipular la mascota con cuidado para prevenir malformaciones en el feto, e incluso abortos. Para  la tranquilidad de las futuras madres, hay que decir que esa situación sólo se da en casos extraordinarios, cuando el parásito que la provoca, el "toxoplasma gondii" atraviesa la barrera placentaria e infecta al feto.

El contagio puede ser instantáneo al tocar las heces del animal enfermo cuando se manipulan inadecuadamente los areneros y las cajas de excrementos de los gatos. Los síntomas más comunes son la inflamación de los ganglios linfáticos de cabeza y cuello, fiebre y dolores de cabeza, garganta y músculos. Leídos de un tirón pueden provocar alarma, pero no hay motivo para ella, pues la toxoplasmosis suele ser una dolencia leve, aunque, eso sí, puede reaparecer.

Lejos del arenero.

La mejor medida contra el contagio es la prevención. La persona encargada de limpiar el arenero del gato ha de enfundarse previamente unos guantes, a ser posible, desechables. Y, tras acabar con esta tarea, debe lavarse las manos. Por precaución básica, las embarazadas y las personas inmunodeprimidas es mejor que deleguen la tarea. La misma rutina hay que seguir en los trabajos de jardinería, porque la tierra puede albergar excrementos de animales contaminados.

No existe ningún mapa sobre la incidencia de la toxoplasmasia en España, ya que no se trata de una enfermedad de declaración obligatoria. Con seguir este pequeño consejo, no hay porque temer nada, hacia los futuros bebés y sus mamás.

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La Rosa Negra