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NESKA, HISTORIA REAL DE ADOPCIÓN Y TERAPIA PARA LOS HUMANOS

NESKA, HISTORIA REAL DE ADOPCIÓN Y TERAPIA PARA LOS HUMANOS

Neska 22/12/2007
En mi familia éramos tres: mi madre, mi abuela y yo.  A mí, siempre me han gustado los perros y, como todos los niños, siempre pedí que trajeran uno para casa, aunque sin éxito.

Mi abuela empezaba a ir algo mayor y como mi madre trabajaba y yo estudiaba, pasaba bastante tiempo sola y sus ánimos no eran muy buenos. Mi madre y yo habíamos hablado de traer algún animal para casa, que le hiciera compañía. Habíamos hablado de traer un pájaro, porque mi abuela ya los había tenido y le gustaban.

Mi madre lo comentó en el trabajo con sus compañeras y una de ellas le sugirió que por qué no cogía un perro, que su cuñada tenía una en la finca que acababa de tener cachorritos y les estaban buscando casa. Le enseñó la foto en el móvil y mi madre me la mandó a mí. Yo se la enseñé a mi abuela y las dos quedamos enamoradas. Era una cosita tan pequeña! Tuvimos que esperar a que la destetaran y en Febrero del año 2008 llegó la que se convertiría desde entonces en la reina de la casa. La más mimada y la mejor compañera que se puede tener. Fiel y leal como nadie, protectora de los suyos y muy reservada para los demás. Mi abuela dijo más de una vez: “Si antes o supera, antes viña un canciño para casa”.

Fue la gran compañera de mi abuela, se hicieron inseparables. La paseaba, le daba de comer, le daba premios por todo y todos los días le hacía cosquillas y le daba un beso antes de irse a dormir. Tan acostumbrada estaba la Neska a ese ritual, que cuando veía que era de noche y la abuela venía a la sala a despedirse, ella ya se ponía panza arriba esperando sus cosquillas. De cachorrita, Neska era muy juguetona.  Jugaban con un trapito o con cualquier juguete que le durara más de dos días. Le reñía cuando le quería morder las zapatillas o los pies y se partía de risa cuando, después de ducharla, iba corriendo por toda la casa a restregarse por todos los cojines para secarse. Llegó incluso a componerle una canción porque la perra, aunque pasara mucho tiempo con mi abuela, sentía (y siente) verdadera adoración por mi madre.

La abuela enfermó, y poquito a poco fue dejando de ser ella, pero siempre que la Neska se le ponía al lado en el sofá, sacaba una sonrisa y la acariciaba por unos instantes. Dicen que los animales intuyen cosas, y yo lo confirmo. Estando ya la abuela muy malita, Neska seguía haciéndole compañía y pasó los últimos días de mi abuela postrada en la alfombra de la entrada de su habitación, sin llegar a entrar. Después de morir, recuerdo que los primeros días, cuando ya la habitación estaba vacía, Neska no quería entrar y tardó bastante en hacerlo. ¿Para qué iba a entrar si su compañera, la que tanto la había cuidado y la que tanta compañía le había hecho, ya no estaba? Ahora en esa habitación hay una salita pequeña y no hay un solo día en el que Neska no entre y se suba al sofá. A los animales también les afecta la pérdida de los seres queridos y creo que al igual que para mí y para mi madre, para la Neska, la pérdida de mi abuela fue un duro golpe. No sé si es porque se nos va haciendo mayor o porque aquello la marcó de un modo que no podemos entender, pero desde entonces, Neska se ha convertido en una perra mucho más pasiva e independiente, aunque no ha dejado de ser la reina de la casa.

Neska fue y sigue siendo lo mejor que nos ha pasado en todos estos años, mucho más humana que algunas personas y cuya compañía y cariño incondicional es inigualable y no se pagaría ni con la mayor de las fortunas. Pero sobre todo, fue una ayuda muy grande para mi abuela, fue su compañera.  Te queremos Neskita!

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