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Mensaje de estado

Locating you...

Adiós

Imagen de Ulrich B

Adiós

Chao, hasta luego, nos vemos mañana… Son las niñas pequeñas de la gran despedida. Esa palabra que duele oír, incluso aunque se diga por costumbre.

Antes de seguir, no puedo garantizarte que puedas pasar indemne caminando por encima del artículo de hoy, porque trata uno de los grandes dolores de las personas y de muchos animales. Un sentimiento que rasga la piel. 

Empiezas a escuchar un piano sonando de fondo y… ¡Adiós! Es la oscuridad sin luna, el acuario sin peces, la casa vacía. El adiós es tristeza acompañada al piano. Es la melodía del “se acabó”, “se terminó” y no hay más donde buscar.

¿Por qué son tan duras, en general, las despedidas? Claramente por el vacío que dejan. Ni un mago lo podría decir mejor: ¡Nada por aquí, nada por allá! Y es lo que queda, “la nada” más fría.

Decirle adiós a un objeto al que le habías cogido cariño o que te había sido legado por una persona especial; adiós al volver a un trabajo en el que te sentías parte de una familia; adiós a una manera de vivir a la que te habías habituado, porque las cosas te salían bien; adiós al tiempo que pasó sin que te dieras cuenta; adiós a una persona... que no volverá.

Es igual cómo empezó todo porque con la misma melodía de piano que escuchas de fondo, delicada, acariciando las teclas… se acabó, se terminó, c´est fini. Un adiós con la manita y ese es el “the end” de la película, por mucho que te estuviera gustando.

Y da igual si le pones otra música, porque sigue siendo una triste despedida:

¿Quieres que probemos con Nino Bravo? ¡Hecho! -Al partir, un beso y una flor, un te quiero, una caricia y un adiós. Él se fue con 29 años, sin poder despedirse ni conocer a su segunda hija, a punto de nacer.

¿Prefieres algo con meneo de izquierda a derecha y de derecha a izquierda? ¡Hecho! -Adiós con el corazón, que con el alma no puedo… al despedirme me muero. Cantaban José García y Alfredo Rojas en 1942, un año que a muchas naciones hizo llorar.

¿Mejor me quedo en Galicia? ¡Hecho también! -Adiós, ríos; adiós, fontes; adiós, regatos pequenos; adiós, vista dos meus ollos; non sei cando nos veremos… nos lo dejaba la incomparable Rosalía de Castro en sus“Cantares Gallegos” en 1863, que en 1975 musicalizaría el prolífico leonés Amancio Prada, que hace tiempo renunció a ser feliz y ahora se conforma con vivir en armonía, cuanto sea posible.

Por eso y con la armonía de la misma melodía de piano sonando, como cuando hemos empezado, te pido que no te vayas, que te quedes, que no digas adiós, que luches mientras te queden fuerzas. Sí, que es muy complicado… ¡mucho! pero quédate. Porque lo malo también dice adiós; la tristeza tarde o temprano se despedirá de ti; el piano dejará de estar afinado o se le romperá alguna cuerda, o tecla y todos los edificios destruidos en la guerra de tu interior se volverán a levantar. Y ya puestos, no sé qué tecla hay que tocar para que suene de nuevo tu gramola, en la que tienes todas tus canciones alegres favoritas, pero créeme que volverá a sonar, llegando a tu alma, a tu corazón y brillarás nuevamente. Quizá no como en sus mejores tiempos, pero sí con el sonido suficientemente agradable como para que puedas volver a tumbarte en el suelo, en la cama o en el césped y escuchar alegres melodías y letras para que cantes content@ a viva voz.

Por eso este adiós lleva algo que finalmente aporta una brillante señal que cada vez más necesitamos ¡Adiós, muy buenas! Porque ya lo decía Mario Benedeti “Se despidieron y en el adiós ya estaba la bienvenida”

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